
Todo seguía su curso normal, era un domingo cualquiera sin más.
Salí de mi departamento, era invierno y el sol me hizo compañía.
Solo seria otro día común y corriente. Pero no estaba preparado.
En la lejanía percibí tu silueta, hasta ese momento fuiste solo un momento de placer cualquiera, la vergüenza del casi inesperado encuentro se transformo. No recuerdo porque, ni que pensé, para cuando me di cuenta confundía tu forma sin importancia.
Sin entender un sentimiento que no logro explicar, apareció.
Recuerdo haber suspirado, sonreído, llenarme de angustia, mirar el cielo y llamarte.
Nos pertenecimos un momento en el tiempo, y desde entonces no puedo apagar ese sentimiento, ya no es mió, quizás nunca lo será o nunca lo fue.
Que pensaba en ese momento, tan solo era un crió recién salido del nido, necesitaba afecto?, quien iba a pensar que aquellas noches que disfrutaba me jugarían tan mala pasada, quizás fue el castigo por mi deseo carnal de aquel entonces.
Dicen que dios castiga pero no a palo.
Nunca te entendí, conocí, odie, trate e intente de tenerte, me sentí muchas veces tonto, la peor basura pisoteando toda mi dignidad.
Lo intente… ahora ya no tengo fuerzas.
Decidí dejar que el sentimiento que no puedo apagar brille con toda intensidad esperando se agote alguna vez o llegue otra llama a ese lugar.
Nunca supe que fue, que es, que será…simplemente creo que soy un entupido en pensar y sentir estas cosas. Aun más cuando no se es correspondido.
Aunque en mi sencillez me conformaba con un “no me interesas” para avanzar, creo que confundí tus momentos de lujuria y palabras bonitas con ideales míos.
Ese debe ser mi castigo. Lo llegare con la frente en alto cumpliendo mi sentencia.



